De las palabras vacías.

“Eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dejas escapar” Freud.
Debo decir que desde hace algunas semanas esta frase me persigue constantemente, tal vez los recientes acontecimientos en mi vida y el inesperado e insistente recuerdo de aquel tiempo en el que esta frase y yo nos conocimos, es lo que hoy motiva que escriba estas líneas.

Aún recuerdo una platica con una de mis mejores amigas, quién en una de sus tantas crisis con su novio me decía que le hacía falta que su novio le dijera más seguido que la amaba y que él al respecto, le contestaba que no lo decía, no porque no lo sintiera, sino porque no quería que se hiciera tan trivial que perdiera significado. En su momento me pareció una salida fácil, pero después de analizarlo con detenimiento le compre el punto.

No sé si alguna vez se han puesto a pensar en lo irresponsables e inconscientes que somos a veces al expresarnos. Y el como poco a poco vamos restándole importancia y significado a frases y palabras que definen, sobre todo, lo que sentimos. Lo más grave es cuando nos atrevemos a decir cosas que ni siquiera sentimos o peor aún cuando sólo lo hacemos porque es lo que la otra persona espera que digamos.

Y aún cuando lo que digamos sea exactamente lo que sentimos en ese momento, la teoría indica que hay que tener cuidado de qué y cómo decimos las cosas; porque al final, aunque suene a cliché, “las palabras se las lleva el viento” y son las acciones las que hablan por nosotros.

Y si bien es horrible no saber qué decir cuando alguien te dice que te ama y tú no sientes lo mismo (me ha pasado) o cuando tú lo dices y la otra persona solo te contesta yo igual, como una manera de safarse del compromiso que implica decir lo que se siente, sin sentirlo. O como cuando dices te quiero y simplemente es el silencio lo que se escucha después. (Que a decir verdad es lo ideal, si no te nace o no sientes lo mismo).

Digamos que la regla de oro es: no prometas lo que no será. Creo que no nos vendría mal decir las cosas que sentimos en el momento; sin crear falsas ilusiones o promesas del futuro. Así cuando, éste llegue y las cosas no funcionen no habrá esa sensación de engaño, de mentira o de decepción por las promesas no cumplidas. Y bueno es más que obvio que el ser honesto con lo que decimos desde un principio también nos ahorraría tiempo, desengaños, problemas y una que otra lágrima.

Y si a esto le sumamos que cada día utilizamos más palabras como “Te quiero” o “Te amo” y se las decimos a cualquier persona y por cualquier situación sin estar conscientes de la carga emocional que estas palabras tienen, la cosa se pone peor.

No sé a ustedes pero a mi me impresiona mucho como de pronto hay personas que a la semana ya te dicen “Te quiero” y a la siguiente “Te amo” y te bajan el cielo y las estrellas en cuestión de segundos, no es que dude que no sean reales sus sentimientos, pero creo que muchas veces se dicen estas y muchas otras frases solo por decirlas sin un sentimiento profundo detrás. Digamos que al hacerlo así, las devaluamos, les quitamos el verdadero significado, son palabras vacías en las que poco a poco dejamos de creer o nos dejan de impresionar.

No quiero que con esto se mal interprete lo que estoy tratando de decir, yo soy la primera en estar a favor de que la gente exprese lo que siente y que se lo haga saber al mundo. Incluso, estoy segura de que somos pocas las personas que podemos expresar nuestros sentimientos abiertamente.

Sin embargo, existe una gran diferencia entre decir lo que se siente y lo que la gente espera escuchar de nosotros y aún cuando lo que se diga es justo lo que se quiere decir; debemos estar conscientes de que somos responsables de cada una de esas palabras que pronunciamos y saber que tendrán un efecto en alguien más y que si bien las acciones al final son las que cuentan, el que exista coherencia entre lo que decimos y hacemos nos hace sentir mucho mejor con nosotros mismos y estar en paz con los demás.

Por eso es importante que:

1. Si no lo sientes, no lo digas
2. Lo que prometas, sea solo lo que sabes de antemano que vas a poder cumplir
3. Confirmes que lo que dijiste, se entendió como tu querías que se entendiera
4. No digas lo que la gente espera, sino lo que en realidad quieres y sientes
5. Si no tienes nada bueno que decir, no digas nada
6. Nunca dejes de decir lo que sientes, pero sobre todo nunca dejes de demostrarlo

Como última reflexión, me gustaría apuntar que está en nosotros que tan trivial queremos que nuestras palabras suenen y la veracidad y coherencia con la que queremos que los demás las consideren. Para mi lo importante es que esas personas que quiero lo sepan no sólo cuando se los digo, sino con cada acción que hago, ya saben detalles.

Les dejo el trailer de una de las películas que me han dejado marcada de por vida, en México se llamó: Nunca te vayas sin decir te quiero y creo que el título lo dice todo.

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